Siete de los chakras corresponden a áreas del sistema glandular y el octavo corresponde al aura o campo magnético del cuerpo. Los tres primeros chakras se conocen como el triángulo inferior y el quinto, sexto y séptimo chakra se conocen como el triángulo superior. El cuarto chakra, es el centro energético del corazón y es el punto de equilibrio entre ellos. Es donde la experiencia cambia del "yo" al "Tú" o del "yo" a "Nosotros".
Ningún chakra es autónomo por sí mismo. Al explorar la anatomía yóguica, necesitamos cambiar nuestro entendimiento Occidental que analiza y separa, a un abordaje más holístico que reconozca que todo trabaja en unísono. Los chakras son parte de un ciclo mayor de evolución e involución, de manifestación y sublimación. El Triángulo Inferior se enfoca en la eliminación y en la reducción y se equilibra con los chakras del Triángulo Superior, los cuales acumulan, crean y refinan.
Los primeros cinco chakras se asocian con cada uno de los cinco elementos – tierra, agua, fuego, aire y éter – y con las cualidades que cada elemento representa. Los tres superiores corresponden a reinos más sutiles, por consiguiente, no existe ninguna correlación con los elementos.
El praana, la fuerza vital, potencia a los chakras al limpiar los bloqueos que existen en el flujo libre y natural de energía a través de ellos. Kundalini Yoga facilita esta limpieza, equilibrio y maximización del funcionamiento del cuerpo, la mente y del espíritu.
Los chakras afectan nuestras precepciones, sentimientos y decisiones. Afectan el flujo y tipo de pensamientos que tenemos y las energías que podemos reunir para realizar y manifestar nuestros pensamientos. En todo nuestro comportamiento, afectan la relación entre el consciente y el subconsciente. Abrir y equilibrar los chakras despierta los sentidos, y los integra en una red receptiva que puede relacionarse con el gran campo de energía original del cual venimos y al cual regresamos.

No hay comentarios:
Publicar un comentario